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Una defensa de la gestión cultural desde Oaxaca

  • Foto del escritor: El Cuarto Poder Oaxaca
    El Cuarto Poder Oaxaca
  • 28 abr
  • 5 min de lectura

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que dedicarse al arte y a la cultura era un acto romántico, pero no una profesión real. Hoy sé que eso no es verdad.

LCG. Arianna Aguilar Avendaño



Soy Arianna Aguilar Avendaño, tengo 24 años en esta tierra y soy gestora cultural.

Cuando me preguntaban a qué me iba a dedicar, no sabía qué responder, porque tan solo era una adolescente sin un rumbo claro y con muchas preguntas sobre su futuro, tratando de encontrar su lugar en el mundo. Con cierta inseguridad contestaba: “Estudiaré Gestión Cultural”. La mayoría me miraba con extrañeza, como si hablara de algo lejano o poco conocido. Algunos incluso preguntaban:


“¿Y eso qué es?”.


En ese momento, ni siquiera yo tenía todas las respuestas. Sin embargo, había algo que sí sabía: mi vida siempre había estado rodeada del arte y la cultura.

Desde pequeña crecí bailando en grupos de danza tradicional, entre ensayos, vestuarios y el orgullo de representar nuestras raíces. Vengo de una familia que me enseñó a amar profundamente mi tierra, a reconocer la riqueza de nuestras tradiciones y a sentir orgullo por pertenecer a Oaxaca.


Mi abuelo siempre me dice que defienda mis ideales, y este texto es una forma de hacerlo.

Ahora, a casi dos años de haber egresado de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, puedo decir con certeza que me encuentro haciendo lo que amo. ¿Y qué es lo que hago?


Incidir en la vida de las personas, visibilizar lo que ya existe, pero no siempre recibe la importancia que merece, y generar conciencia para que las personas se sientan orgullosas de quienes son y del lugar al que pertenecen. Por eso, mi mente siempre está creando y buscando soluciones a lo que alguna vez vi como problemáticas, proponiendo proyectos que beneficien a niñas, niños, mujeres, artistas, artesanas, artesanos y, en general, a toda una sociedad.


Algo que amo de mi trabajo es conocer gente nueva, porque a mi vida aportan conocimiento y, sobre todo, empatía con sus vivencias. Todo el tiempo aprendo algo distinto y, a decir verdad, me considero una persona social; eso me ha permitido que quienes se cruzan en mi camino, además de regalarme una sonrisa, también me brinden su amistad.

La Gestión Cultural está afuera, esperando ser vista y reconocida por lo que realmente es: trabajo en territorio, contacto con las comunidades y acción constante, no solamente detrás de una computadora o un teléfono celular. Claro que la comunicación es fundamental para lograr que todo suceda, pero también tengo presente que la ayuda y la colectividad son indispensables, porque si bien la Gestión Cultural es multidisciplinaria, necesita de todos los ámbitos para fortalecerse y así hacer posible todo lo que se propone.


Algo que he identificado es que la Gestión Cultural sigue siendo invisibilizada, ya que muchas personas creen que solo se trata de una profesión ligada al arte y no de una labor profundamente social.

Algo que he identificado es que la Gestión Cultural sigue siendo invisibilizada, ya que muchas personas creen que solo se trata de una profesión ligada al arte y no de una labor profundamente social. He aprendido que no siempre nace en un aula universitaria; también se forma en la práctica, en el territorio y en la vocación. Roger, por ejemplo, ha sido una de esas personas que admiro profundamente. Aunque su profesión es distinta a su vocación, su entrega, sensibilidad y compromiso lo convierten en un verdadero gestor cultural. Él fue guía, ejemplo y una luz importante en mi camino.


Por eso no romantizo el trabajo cultural; lo reconozco desde la experiencia. Sé que implica esfuerzo, desgaste, disciplina y trabajo colectivo. Pero también sé que su impacto muchas veces es más profundo de lo que alcanza a verse.


No hablo desde la teoría, hablo desde lo que hacemos.


Cada proyecto me ha confirmado lo mismo: la cultura sí transforma vidas. He tenido la oportunidad de desarrollar proyectos como Semillarte, campamento ambiental para niñas y niños; Mujeres que abren camino, un encuentro vivencial de mujeres; Shandú, taller de máscaras para niñas y niños durante las fiestas de Día de Muertos, en colaboración con amigas y colegas gestoras Lily y Ana; además de participar en procesos de Localización Geográfica del Barro Negro de San Bartolo Coyotepec con mis estimados amigos y colegas Janel y Axel. También he organizado talleres de aprovechamiento de productos locales en la Sierra Juárez y actividades de fomento a la lectura en distintas comunidades de Oaxaca. Actualmente, me encuentro haciendo aportaciones culturales para la ejecución de ferias artesanales y la integración de nuevos modelos de turismo en distintas regiones.


Hoy veo a los nuevos gestores culturales y me asombra que cada vez somos más quienes defendemos, desde la práctica y el compromiso, de lo que aportamos al bien común.


Mi labor no solo consiste en proponer, planear, direccionar y ejecutar actividades, sino en crear espacios donde la comunidad quiera integrarse por voluntad e interés. Es una labor social, comunitaria y profundamente humana.


Definitivamente pienso que nuestro papel como gestores de acción, como yo les llamo, es ayudar a formar a los propios gestores culturales de sus comunidades, mientras nosotros fungimos como guías, abriendo camino con claridad, porque nadie conoce mejor su labor, su territorio y su cultura que ellos mismos.


Hoy entiendo que ser gestora cultural también es hacer política. Y no hablo solo de los espacios institucionales, sino de la política que transforma realidades, escucha a las comunidades y pone al centro a las personas.

Hoy entiendo que ser gestora cultural también es hacer política. Y no hablo solo de los espacios institucionales, sino de la política que transforma realidades, escucha a las comunidades y pone al centro a las personas. Desde mi participación dentro del trabajo legislativo y territorial, he confirmado que la cultura no es un tema secundario, sino una herramienta de desarrollo social, económico y humano.


La cultura genera identidad, fortalece comunidades, impulsa juventudes, dignifica el trabajo artesanal y protege nuestro patrimonio. Gestionar cultura también significa proponer proyectos, abrir oportunidades y construir mejores caminos para las nuevas generaciones.

Por eso invito a cambiar la manera de pensar sobre este tema. Dejemos de verlo como un lujo o un pasatiempo, y reconozcámoslo con el respeto que merece.

Muchas veces basta con que alguien vea mi trabajo para escuchar una frase que me llena el alma: “Ella es gestora cultural y podría ayudarte con esto”.


Y ahí entiendo que vamos por buen camino.


Porque sí, sí se puede vivir del arte y la cultura sin lucrar con ello. Ser gestora cultural significa tender puentes, abrir oportunidades y dejar huella en las personas.


Y si algo tengo claro, es que seguiré defendiendo ese ideal. Porque la cultura también es trabajo, también es futuro y también es una forma de cambiar vidas.



 
 
 

1 comentario


Alexis Santos
Alexis Santos
29 abr

Siempre me sentiré orgulloso de tus logros que desbloqueas día con día 🫶🏻

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